En mi proceso de formación como profesor de ELE han influido aspectos que me han llevado a realizar este Máster, puesto que, con mi práctica como profesor de inglés, profesor y formador de exámenes de español y alumno de inglés y francés, me he dado cuenta de que existen muchos recursos a utilizar en el aula que desconozco, no utilizo o no me he parado a reflexionar acerca de ellos desde un punto de vista crítico. Ello me lleva a pensar en que, como profesional, debo ser capaz de entender de dónde vengo para poder visualizar hacia dónde voy y actuar en consecuencia. Por eso, considero muy importante hablar de mis creencias, representaciones y experiencias previas, acerca de las necesidades que tengo en cuanto a mi formación o falta de ella y de mis perspectivas de futuro o función que este Máster, a través de las asignaturas y del Portafolio de formación, pueden aportarme.
Sobre las representaciones y creencias iniciales
A nivel personal, y partiendo de que provengo de un ámbito diferente a la docencia, la Criminología, donde pretendemos analizar la etiología delictiva para, desde diferentes ciencias, encontrar soluciones para víctima y delincuente, entiendo que debo formarme más para ser un buen docente. La parte buena de mi carrera es que hace reflexionar bastante, tanto en los motivos que provocan el hecho desviado o delictivo como en las posibilidades más adecuadas para evaluar y corregir cada caso específico, además de intentar evitarlo.
No obstante, desde que vi la educación, en principio como profesor de inglés, como una opción de futuro, he intentado siempre reciclarme y formarme, mediante cursos que me permitieran aprender a enseñar, obtener un mayor nivel de la lengua meta o evaluar la lengua o lenguas que estaba enseñando. Acerca del primer caso, estudié el curso CELTA de Cambridge en International House Madrid, donde se me instruyó en unas pautas que me permitían analizar a mis estudiantes, programar la clase de acuerdo a ese conocimiento previo, desarrollar las actividades de una manera interactiva y mirando de ser más observador que protagonista. Sobre el segundo caso, en mis años en la academia donde impartía clase estudié francés e inglés en clases particulares o con una compañera, de manera que la clase nos permitiera una mayor autonomía en cuanto a los contenidos y forma de la clase pero, a su vez, desarrollar la cooperación e interacción, sobre todo con la expresión oral. Finalmente, en cuanto a evaluar, desde que realicé exámenes de Cambridge y decidí formarme para ser profesor, siempre he pretendido realizar cursos de examinador. No he realizado ninguno de inglés, pero sí de español (el curso de acreditación de examinador DELE A1 y A2, con la intención de realizar este verano el de B1 y B2).
Para mí, la enseñanza de ELE es una manera de, por un lado, transmitir un conocimiento a un alumno, y, por otro lado, de involucrar a mis alumnos en su aprendizaje. Aunque la primera parte es la que considero más fácil (a pesar de mis limitaciones acerca de todo lo que no sé o que veo difícil de hacer entender o explicar), la segunda parte de la frase previa es la más relevante. Creo que la mayoría de las veces el alumno tiene más conocimientos de los que muestra o demuestra y yo, como profesor, he de ser un instrumento (de los muchos que hay) que le permita aprenderlo, asimilarlo y practicarlo en contexto. Los alumnos son la parte interesada porque deben ser quienes practiquen y desarrollen esa lengua según sus necesidades. Como profesor, yo debo ser partícipe de su aprendizaje, pero principalmente como líder humanista/facilitador, “de herramientas y métodos que permitan ese conocimiento y que promueva el desarrollo de todo el potencial de los alumnos” (Dörnyei y Murphey, 2008, p.94. Es ahora, con los talleres, complementos de formación, Portafolio y asignaturas del Máster, el momento en que empiezo a ver y entender muchos aspectos prácticos que asimilé en el curso CELTA, pero que no entendía por qué debían ser usados en el aula de LE (o, de forma inversa, en el aula de ELE). A través de la teoría, a veces un tanto farragosa al incluir vocabulario que parece muy abstracto, se entienden muchos de los planteamientos utilizados por mis profesores del curso y evaluados en las 8 clases prácticas, siendo la metodología y el contexto la base de ellas. Como decía nuestro profesor, “el contexto lo es todo, de nada sirve transmitir un conocimiento si el alumno no sabe cuándo debe usarlo”.
A partir de analizar este aspecto, me han venido a la mente otras experiencias de otras clases (siendo observador y/o alumno) que me han ayudado a entender que la clase debe ser hecha por y para los alumnos. Como observador y alumno, la gamificación es una de las técnicas que he podido apreciar con mayor medida en el aula, dado que trabajaba en una academia de idiomas dando clase (y viendo a otros profesores hacerlo) a niños. Convertir el aula en un lugar motivador, apetecible, competitivo y lúdico fue la estrategia que casi todos utilizamos, pero en la que no reparé hasta recordar mis clases de inglés de Cambridge de Australia. En ella, nuestras profesoras, Katie y Bridgid, preparaban actividades que nos ayudaban en nuestra preparación para los exámenes de CAE y CPE y, a su vez, nos hacían reflexionar acerca de cómo queríamos realizarlas, ya que fomentaban el trabajo cooperativo y, a su vez, nuestra autonomía al preparar exposiciones orales que debíamos presentar ante la clase. También, sin haberme dado cuenta, el modelo de la clase invertida había sido utilizado por profesores de la Universidad de Barcelona para formarme. Concretamente, podría citar al Doctor Hortal Ibarra, dado que nos hizo partícipes de nuestro conocimiento en dos de las asignaturas que impartió, Riesgos Laborales y Derecho Penal. Parte General. Él pretendía que leyéramos lecturas complementarias de cada tema para que las trabajásemos en casa y, en caso de duda entre la parte teórica y práctica, consultáramos en clase. Con ejemplos así, veo la importancia de un comentario de la Doctora Ortiz de Pinedo, realizado en una reunión del equipo de profesores del Departamento de ELE de la academia, cuando comenta que “muchas de las técnicas, estrategias o maneras de enseñar que seguimos en clase con nuestros alumnos ya las conocemos y las utilizamos diariamente en el aula, pero hasta ahora no les hemos puesto nombre o desconocíamos que existían. Eso no significa que no las estemos utilizando o que las estemos utilizando de manera incorrecta”.
Sobre las necesidades de formación
Una de las cosas que considero más importantes y que he podido ver (como alumno, profesor y observador) es que la formación no solo depende de mi conocimiento previo de la lengua o temática que debo enseñar en el aula ni tampoco de mis creencias, valores o necesidades sobre las que debo reflexionar de forma crítica y, si hace falta, modificar o reevaluar. Pienso que, aún siendo un tema del que solo he oído hablar una vez, marca mucho la diferencia entre ser un buen docente o no serlo. Me refiero a la preparación de la clase. Nuestro profesor principal del curso CELTA decía que “una buena preparación de la clase es el 40% de ella”. Esta cita está relacionada con la idea de la formación, debido a que implica que se anticipe el conocimiento, errores y problemas clásicos de los alumnos para lograr el objetivo y, a su vez, el docente debe saber dónde encontrar instrucciones o información importante que puedan necesitar estos. No concibo la idea de que se necesite una formación óptima en el sentido de saberlo todo y tener respuesta a cualquier duda, pregunta, afirmación…, de los alumnos, pero sí de dónde (y cómo) dar una respuesta adecuada en cada situación.
Yo soy consciente de que tengo muchas dudas acerca de los conocimientos de que dispongo sobre la enseñanza y/o aprendizaje de ELE. Una de ellas es el saber cómo puedo responder a dudas cuando a veces yo mismo las tengo sobre esa cuestión o la típica pregunta de “por qué A es así y no es de otra forma”. En ese momento se debe ser sincero, se debe tomar nota de la apreciación del alumno y se le debe decir “ahora no lo veo, lo reviso en casa y lo hablamos mañana”.
Acerca de mi práctica docente, diría que las mejores experiencias que he tenido están más relacionadas con mis clases como docente de ELE que las de LE (inglés). La mayoría de las veces los alumnos son adultos, estudiantes de una carrera universitaria o con un trabajo estable y maduros en cuanto a su proceso cognitivo y de aprendizaje. Por esa razón, y otras veces también por los materiales, temas a tratar o el uso práctico que la mayoría va a darle al español como lengua extranjera en Ibiza, el formando asimila con mayor facilidad la enseñanza del aula. A eso puede influir también que dicha facilidad venga dada por una mayor motivación o necesidad de aprendizaje, o, como yo me he planteado muchas veces (y de eso hablaré en el siguiente punto), por una de mis carencias, que no sepa motivar o tratar tan fácilmente con alumnos adolescentes o niños. Digo esto porque es posible que los adultos me vean como adulto y, en ese caso, se rompa la barrera existente entre nosotros. Viéndome a mí como igual (y como citan diversos autores), “el error que puedan cometer pueda ser visto de manera menos amenazadora” (Varonis y Gass, 1983, citado en Escobar, 2002), se presten mayor atención entre sí, se produzca una mayor cantidad de lengua entre ellos, mediante la interacción, o “exista una mayor motivación, se genere un clima afectivo y positivo en el aula y se reduzca el estrés” (Richards y Rogers, 2001, p. 190).
Como decía, en cuanto a las carencias, una de ellas es el hecho de que presiento que mi trato con niños y/o adolescentes no parezca tan directo o amigable, en comparación con adultos. A eso puede deberse que, por un lado, no soy padre (y de momento me veo lejos de ello, por tanto, no tengo una relación directa con niños ni a veces los comprendo, aunque lo haya sido) y, por otro lado, a mi creencia personal de que muchas veces no soy lo suficientemente bueno en la transmisión de información o en la manera de llegar a los alumnos para que puedan seguirme con facilidad en lo que les pretendo enseñar. Este es otro de los motivos que me han llevado a realizar este Máster, lo que considero necesidad (y para ello escogí como optativa las asignaturas centradas en Didáctica, tales como “Didáctica de ELE a niños y adolescentes” o “Didáctica del español a inmigrantes”). Esta última también presiento que me puede ayudar. He sido profesor del curso de preparación a examen del nivel A2 y, aunque casi siempre tengo personas adultas (los hijos suelen estar matriculados en colegios públicos y estudian el español) y lo veo como una “carencia a largo plazo”.
Sobre las expectativas de formación
Yo estoy seguro de que este Máster va a ser de muchísima utilidad en mi futuro. En primer lugar, doy por seguro que me va a permitir reflexionar aún más acerca de cómo preparo mis clases, qué debo hacer en cada momento de la clase, qué debo conocer de mis alumnos y cómo voy a interactuar con ellos para que cumplan su objetivo de aprendizaje. En segundo lugar, va a ayudarme a mostrarles herramientas diversas de enseñanza para que ellos sean capaces de razonar acerca de lo que están aprendiendo, inferir o inducir contenidos a partir de lo que previamente ya conocen (como decía otra profesora del curso CELTA, “a mayor conocimiento de los alumnos de una LE o, de cualquier ciencia en general, menor debe ser la transmisión de información por parte del profesor y mayor debe ser el plantearle retos o preguntas que le hagan cuestionarse lo que sabe y lo que no”). En tercer lugar, considero que me va a ayudar a conocerme a mí en mi faceta autoevaluadora y cooperativa con otros docentes, aspectos que muchas veces paso por alto y que son muy interesantes en cuanto a que incentivan el pensamiento crítico y permiten escuchar la opinión de otras personas expertas.
Mi objetivo principal no es solo aprobar el Máster, sino considerarlo como una base desde la que partir la mejora de mi conocimiento teórico y práctico acerca de mi rol como profesor. Dada la cantidad de materiales, recursos tecnológicos, estudios, aprendizajes entre iguales, autónomos o grupales a los que voy a tener acceso, se me abre la puerta a aprovecharlo al máximo posible y ponerme unas metas realistas, pero que me sigan permitiendo el desarrollo formativo y me ayuden en el profesional.
Quiero dirigirme hacia la formación que ya he realizado, de ELE, sin importar la edad, de alumnos que se presenten a examen y a quienes les pueda ayudar en la consecución de su objetivo, aprobarlo, y hacia la educación que promueva un aspecto del cual aún no he comentado nada, basado en la interculturalidad.
Como profesor de estudiantes extranjeros, en clases de ELE o en cursos de examen, todos mis alumnos lo son. Este hecho, que nunca me ha provocado ningún problema en clase, a veces a ellos sí que les ha podido generar algún momento de incomodidad, sobre todo cuando se tratan en el aula temas problemáticos en sus países de origen. El Máster me dirige hacia una formación basada en el respeto a los alumnos, integrando sus diferentes puntos de vista acerca de la cultura y creencias y hacia un aprendizaje recíproco, donde tanto las similitudes como las diferencias sean vistas como aspectos a tratar en el aula desde una perspectiva tolerante y abierta a cualquier sensibilidad.